Aprendiendo de la bisabuela

Nos ha tocado vivir la maternidad en la era de la información, de gurús de educación que salen de debajo de las piedras, de grandes titulares con teóricas verdades absolutas. Para todo hay mil métodos y teorías. Evidentemente, este entorno tiene pros y contras, como todo, pero este verano he podido aprender de una fuente mucho más valiosa: la abuela, que ahora ya es la bisabuela.

Tiene 77 años, 2 hijas, 3 nietos, una bisnieta y otro en camino. Un espíritu joven a más no poder, al que desafortunadamente no siempre acompañan sus rodillas. Aunque no se lo he preguntado, me atrevería a jurar que nunca ha leído nada sobre crianza, apego, educación… En cambio, sería mucho mejor ejemplo que muchos de esos gurús.

Ha sido maravilloso verla compartir tiempo con Sofía. Le habla constantemente, le explica todas las cosas. Cuando las puede entender, fenomenal, cuando no, modifica un poquito la realidad. Así, si el bisabuelo tenía puesta una peli del oeste donde había disparos, eran cohetes para celebrar el cumpleaños de las vaquitas.

Sofía paseando con su bisabuela

Sofía paseando con su bisabuela

No necesita esperar a que otra persona se encargue de Sofía para hacer ciertas tareas, sino todo lo contrario: ha convertido a Sofi en una ayudanta estupenda, que se emociona más ante la idea de ir a colgar la ropa tras la lavadora con la bisa que con cualquier juguete, o que detecta que los perritos han hecho pis donde no debían y reclama la fregona mejor que los adultos.

Pone límites (algunas veces, impuestos por sus propios condicionantes físicos que tanta rabia le dan) con amor, claridad y razonando. Por supuesto, Sofía los respeta todos.

Los besos y abrazos se dan a granel, son siempre la forma de empezar y terminar el día, y jamás ha habido una palabra más alta que otra.

Si algo se mancha o se rompe, se considera lo normal con una enana de casi 2 años, y no se escandaliza con que Sofía use el teléfono a ratos para ver YouTube Kids, sino que le parece un gran avance. Lo único que creo que le da un poco de rabia es no saber ponérselo ella misma.

Estimulación, crianza con apego, fomentar la autonomía… Nadie le ha explicado eso a la bisabuela. Es más, si lee esto, le sonará a chino. Ella tiene dos cosas muy valiosas: experiencia e instinto.

Los 600 kilómetros que nos distancian no van a permitir que Sofía disfrute de su bisabuela a diario, pero nos sentimos muy afortunadas de todo el tiempo que puedan tener juntas. Ojalá quede todavía mucho.

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