El segundo embarazo NO es como el primero (I)

Si algo me ha quedado ya muy claro en estas 24 semanas de embarazo, es que nada tiene que ver el segundo embarazo con el primero.  Es otra de las grandes verdades que casi todo el mundo te dice, pero que hasta que la vives no te das cuenta de lo cierto que es.

No me estoy refiriendo al hecho fisiológico de que cada embarazo es un mundo, de que se pueden tener distintas complicaciones o molestias (o ausencia de ellas si hay suerte). No. Me refiero a que tu vida ya no tiene nada que ver, y se nota mucho. 

Cuando estaba embarazada de Sofía, yo era la prioridad. Si estaba cansada, podía descansar. Si me sentía débil, podía bajar el ritmo. Las 2 semanas que tuve que hacer reposo absoluto, no me tuve que preocupar por cómo le iba eso a afectar a nadie más.  Los esfuerzos físicos no existían, y si existía alguno en forma de deporte, era por voluntad propia.

Pero ahora, además de estar embarazada de Adrián, hay que cuidar a Sofía, que cumple hoy 22 meses. Es decir, que mi embarazo va a ir más o menos de sus 16 a sus 25 meses. Así que correr detrás de ella, pelear para cambiar el pañal, ir al parque a que descargue adrenalina, bañarla, vestirla, jugar tiradas por el suelo, cogerla en brazos… son tareas habituales en nuestro día a día. Sofía no se va a pasar la tarde tranquilamente leyendo cuentos porque a Mamá le duela la espalda. No lo entiende, y creo sinceramente que no lo tiene que entender.

El resultado es que el nivel de descanso del segundo embarazo, el nivel de mimos a una misma, el número de horas sentada o tumbada, o los fines de semana de relax máximo… pues no tienen nada que ver. 

Supongo que esta sensación varía un poco en función del tiempo entre hijos/embarazos, pero creo que incluso aunque el “ya nacido” sea más mayor y no requiera de tanto esfuerzo físico, hay un cambio mental: cuando estás embarazada de tu primer hijo él o ella es tu única prioridad, mientras que a partir del segundo, ya hay dos en los que pensar.

Imagino que de alguna manera es una primera etapa de lo que va a estar ahí toda una vida: que una madre tiene solo 2 manos, dos piernas y 24 horas al día, y que a veces va a ser materialmente imposible hacer todo lo que queremos con todos nuestros hijos.  Por otro lado, para compensar, tener un hermano/a es un regalo para toda la vida. Sin duda la decisión correcta pese a todo.

PD: Si no estaba siendo fácil compaginar el embarazo con la atención a Sofía, veréis qué risas cuando os cuente cómo nos estamos apañando en las últimas 3 semanas en las que he tenido que hacer reposo. Una aventura.