Cuando Murphy la toma contigo como madre

Ayer tuve un día de esos en los que parezco novata total como madre. ¿Por qué? Porque me levanté por la mañana con un plan en mente, y una expectativa de que todo iba a salir fenomenal y lo iba a disfrutar enormemente.

Esta semana, gracias a las medidas de conciliación de mi empresa, estoy trabajando remotamente, por lo que estamos en Galicia para que la niña pueda disfrutar de sus abuelos, tíos, el mar, etc. Así que tenemos la oportunidad de hacer cosas algo distintas a pesar de la limitación de trabajar 8 horas al día.

¿Que qué quería hacer? No os vayáis a pensar que era una cosa muy sofisticada, no no. El plan consistía en aprovechar un hueco a mediodía para limpiar la silla del coche de la niña, que estaba que daba auténtico asco, y terminar de trabajar prontito e ir con mi familia  a comprarle ropa a la enana y tomar un helado todos juntos frente al mar. Me parecía felicidad absoluta. 

Bien, pues el día fue avanzando. A mediodía, tuve el hueco que tenía previsto a nivel laboral, y estuve unos 30 minutos frotando con un trapo y antimanchas la silla del coche. Me llovió mientras lo hacía, así que por un lado sudaba, por otro me mojaba con la lluvia… Se me quedó melena que mejor no os lo cuento. Pero bueno, me quedó casi, casi, como nueva. Íbamos bien.

Avanza el día, la niña come más de lo habitual, duerme un rato, y merienda más tarde de lo habitual y bastante cantidad. Yo he terminado de trabajar. ¡¡Excelente!! No solo podemos irnos, sino que como la peque ha dormido y ha comido más de lo habitual, quizá podamos volver un poquito más tarde para baño y cena.  Felices de la vida, nos montamos al coche con la silla impoluta, y arrancamos. La distancia a nuestro destino eran 5 minutos.

Bien, pues literalmente en el momento que estábamos aparcando, la criatura tose fuerte (está con mocos y flemas), y vomita. Vomita todo. Toda esa merienda abundante que había hecho, sobre la silla recién lavada, y recién llegados para empezar con nuestro plan. Nota al pie: La niña ha vomitado 3 veces en su vida, incluyendo la de ayer.

Bien, mantengamos la calma. Tengo ropa de repuesto (de milagro), y una bolsa de plástico para guardar las cosas sucias. Extiendo un empapador, tumbo a la niña, la limpiamos, la cambiamos. En ese momento, se me acaban las toallitas. Murphy siempre está ahí. Pero bueno, mi tía lleva pañuelos de papel, así que nos apañamos. Parece que la situación está controlada. La niña está cambiada y medio limpia ya en el carro, la silla está sucia pero es lo que hay, y mi hermano se ofrece a ir a tirar a la papelera lo que nos sobra.

Arrancamos, vamos a una tienda, no nos gusta lo que hay y nos tratan bastante mal. Bueno, no pasa nada, hay más. Llegamos a la segunda tienda, ahí sí encontramos ropa que nos gusta y bien de precio… Pero la niña no huele bien. Confirmamos que se ha hecho caca. Pues nada, terminamos cambiándola en el carro en medio de la tienda, poniendo otro empapador por debajo, y con mucho glamour y felicidad. Ya llevamos vómito y caca, no está mal.

Una vez terminados los recados, tocaría haber ido a tomarnos un helado. Claaaaaaro, pero es la hora de bañar a la niña y de que cene. Esa hora que íbamos a retrasar porque había merendado tarde y mucho. Todo parecía indicar que todo aquello no estaba precisamente procesado en su estómago, así que decidimos volvernos a casa, ya tomaremos el helado otro día.

Y entonces, llego a casa, y busco el pelele vomitado y la gasa que usamos para limpiarla. No están. No están porque en el momento vómito, metí en la misma bolsa la ropa y los kleenex, toallitas, etc. que eran para tirar. Utilicé el criterio “lo que está sucio”. Pues no fui capaz de acordarme de eso cuando mi hermano se ofreció a tirarlo. Exacto, tiramos su ropa.  Existió un pequeño debate familiar en si volver a buscarlo a la papelera. Yo dije que no me sentía con fuerzas, y mi segunda madre (mujer de mi padre) se encargó de sentenciar que la ropa ya le iba justa, y que además no era muy higiénico. Así que lo dimos por perdido.

Así que el día que comenzó con la expectativa de que acabaría con una silla limpia, un paseo feliz, un heladito rico frente al mar, y algo de ropa para vestir adecuadamente a la criatura en el fresquito mañanero gallego… Terminó con una silla que duró limpia 4 horas y luego estuvo más sucia que nunca, un paseo acelerado, una madre medio sofocada y algo preocupada por si la niña no estaba bien y sin helado. Sí conseguimos comprar 2 chándales de Mayoral ideales a mitad de precio. Y tirar por accidente un pelele.

¿Por qué cuento esto? Pues para recordarme a mí misma que con bebés por el medio, no es lo más sano mentalmente hacer planes con altas expectativas. Para recordarnos a todas que hay días que se hacen más cuesta arriba y no pasa nada. Y para decirle a todas las que se están planteando si ser madres o no, que cuando a las 20h45 la enana se quedó dormida en mis brazos, tras muchos juegos y risas, volví a recordar que TODO COMPENSA. Que ser madre es para mí lo mejor que he hecho en la vida, pero eso no significa que cada segundo de ello sea perfecto.