Pecados maternales en vacaciones

Este verano está siendo sin duda muy especial: es el primero como madre.  Así que hemos vivido nuestras primeras vacaciones siendo 3. Hemos estado 2 semanas en Tenerife, y la verdad, el balance ha sido muy positivo.

Pero que el balance sea muy positivo no significa que hayamos hecho todo perfecto ni que hayamos sido los padres perfectos. Creo, sinceramente, que ha sido gracias a lo contrario. Nos hemos relajado un poco y hemos cometido algunos pecadillos. Pecadillos que quiero contar aquí porque creo que todas debemos cometerlos sin sentimiento de culpa, y cuantas más “confesemos”, mejor nos sentiremos. Aquí va, con mucho humor, un listado de los nuestros :-)

  • LLevamos comprados los típicos “bañadores de cuerpo entero”, que tapan medio brazo, cuerpo entero y media pierna, para protegerla del sol, porque es blanca como la leche (y como su madre, es decir, yo).  Total, cada vez que se los poníamos, berreaba de tal manera que era un horror. En general odia el momento vestir/desvestir/cambio de pañal, pero es que aún por encima esto aprieta y no es fácil de poner. A partir del día 3, decidimos que se bañaba con la camiseta de turno que llevase esa mañana, o incluso, con el pijama con el que había dormido. TODOS FELICES. (con protección total por debajo porque el algodón normal no protege del sol como los tejidos específicos)
  • También llevábamos bañadores de braguita, ideales. Pero la mayoría de las veces, con ponerle el pañal bañador ya estábamos sudando, así que la braguita se quedaba en la bolsa tan tranquilamente.
  • En una ocasión, estaba tan modo “pachorra”, que la bañé con un pañal normal (que estaba recién puesto, pero un pañal normal). No pasó nada.
  • Gateó por todo suelo habido y por haber, sin importar cuándo se había limpiado. En ocasiones llegaba a tener los pies negros de polvo. Tampoco pasó nada.
  • Chupó mis chancletas en varias ocasiones. Alguna que otra vez intentó comerse las chaquetas de otros miembros de la piscina, afortunadamente llegamos a tiempo.
  • Su principal fuente de hidratación fue el agua de la piscina. Señores, mi hija tiene un modo perrito, que coge, se pone en el borde, echa la lengua, y a beber. Pues bienvenido sea (y no, no conseguía evitarlo por mucho que le tuviese un bibe de agua al lado).
  • En una de las veces que hizo esta operación en la orilla de la piscina, y estando yo a su lado, allá que fue de cabeza. La cogí en medio segundo, y ni siquiera lloró. Tardé mucho más yo en digerir el sentimiento de culpa que ella en tragarse el agua, jajajaj.
  • Está tan sensibilizada con protegerse del sol, que comerse la crema le parecía la mejor idea. Cogía, la destapaba, y a chupar. El 95% de las veces se la quitábamos al momento, pero hubo alguna ocasión en la que, como comiendo la crema estaba tranquilita, pues pensamos que un ratito no haría daño a nadie. Y así fue, no hemos tenido ninguna alteración intestinal, jejeje.
  • Hubo 2 días que no le di puré de comer por pereza, biberón y yogurt.
  • Tardé 6 días en darle puré de pescado, que es el que menos le gusta y el que peor se come, porque estaba yo con pocas ganas de batallar. Luego ya volví al “alternado perfecto” (un día pollo, otro ternera, otro pescado).
  • Por supuesto, todos los purés que estoy citando eran comprados. Gracias Nestlé.
  • Pero realmente, lo que más comió, fue papel, jajaja. Adora el papel, ya sea de revista, higiénico, servilletas, folios… Creemos que algún trocito se llegó a tragar, y tampoco parece que haya pasado nada.
  • Cuando al final del día no nos apetecía montar la bañera, le quitábamos el cloro y las cremas duchándola en brazos de uno de nosotros. Esto, algo que a mí de entrada me parecía “cruel” (modo madre hormonada), y que fue idea de mi marido, resultó que le encanta.

¿El resultado? Niña y padres felices, todos volvimos más relajados y descansados, incluso más guapos en palabras de nuestra familia.

Además, fue un gran aprendizaje para mí. He aprendido que hay tiempo para todo, y que no solo no pasa nada por relajar ciertos estándares a veces, sino que somos todos más felices.

¿Os ha pasado algo parecido?

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